BOLETIN
- Marzo 2006
Cuaresma: "Tiempo de conversión"

¿Quieres ser feliz? ¿Quisieras vivir libre? ¿Quisieras estar lejos de las ataduras del pecado y amar a Dios y desde Dios a ti mismo, a los demás y lo creado con plenitud? ¿Qué necesitas para vivir esta libertad?
La Iglesia nos propone dentro de pocos días el inicio del tiempo cuaresmal. Cuarenta días de preparación para la Pascua Pero ¿Por qué? Porque para llegar a la Pascua -fiesta central del cristianismo-, resurrección del Señor y triunfo sobre la muerte y el pecado, necesitamos de la conversión; de un cambio de vida que implique dejar lo malo y revestirnos de lo bueno. La meta de la Cuaresma es pues la Pascua. Ese es su horizonte. Se trata (dirá S.S. Benedicto XVI en el mensaje de Cuaresma de este año), de un « tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia ».
La vida al ser dinámica, siempre está en movimiento. Y éste puede llevarnos a lo bueno o a lo malo. Hacia Dios o a estar lejos de Él. El tiempo cuaresmal nos introduce más en nosotros mismos, y nos aleja de la bulla en la que muchas veces nos encontramos, para llevarnos al ámbito del propio corazón y así en el Señor, renovarnos. Este tiempo busca ayudar a vivir la vocación bautismal que nos llevó a morir y renunciar al mal por asumir el bien. Morir con Cristo para resucitar con Él.
Estos cuarenta días, que se inician el Miércoles de Ceniza y concluyen el Domingo de Ramos, son un tiempo de conversión; de cambio. La numeración “ cuarenta ” se basa en la tradición bíblica que tiene ese número unido a los tiempos de purificación. Recuerda los cuarenta días del diluvio que purificó la tierra; los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto caminando con Dios hacia la patria definitiva. Los cuarenta días de Elías en la montaña y, sobre todo, los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto en ayunas y luchando con el demonio antes de su ministerio público. El término Cuaresma tiene su origen del latín « quadragesima dies ». Ésta práctica litúrgica se remonta al s. II d.C., responde a la nostalgia que todo ser humano tiene del bien, de la felicidad y de Dios, y por ende, de alejarse de lo malo.
Es un tiempo de lucha contra nuestros pecados y lejanías, pero siempre confortados por la protección y amor del Señor: « La “mirada” conmovida de Cristo se detiene también hoy sobre los hombres y los pueblos, puesto que por el “proyecto” divino todos están llamados a la salvación. Jesús , ante las insidias que se oponen a este proyecto, se compadece de las multitudes: las defiende de los lobos, aun a costa de su vida. Con su mirada, Jesús abraza a las multitudes y a cada uno, y los entrega al Padre, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio de expiación » (S.S. Benedicto XVI, Mensaje de Cuaresma 2006).
Acudamos este tiempo a Santa María, Nuestra Señora de la Reconciliación, para que Ella nos acompañe en este camino y ayude a responder a la gracia del Señor y así convertirnos y estar con un corazón esperanzado para el magno triunfo del Señor y con Ella cantemos ¡ Alleluia !
P. Jean Pierre Teullet
Vicario Parroquial